
"A veces olvidamos cosas, ¿sabes? Cosas que no deberíamos olvidar nunca. Hay gente que se consuela en las relaciones personales, se aferra a ellas y desarrolla una dependencia absoluta del resto de seres humanos. Esto no es malo en sí, claro está; pero se convierte en malo cuando alguna de esas personas nos hace daño. La dependencia, en ese momento, se invierte por completo y se transforma en el arma más punzante que podamos imaginar, porque donde antes había un pilar indispensable en nuestra vida, ahora hay vacío. La columna que creíamos sólida y eterna se desvanece, se hace trizas, se derrumba ante nuestros ojos. Y entonces el edificio, nuestra mente, nuestra personalidad, nosotros mismos nos derrumbamos con él. Nos afecta, y mucho. Es algo que no deberíamos olvidar nunca: la gente duele. Las personas duelen. Las relaciones, de cualquier tipo, duelen. Pero hay un remedio, sí, ¡lo hay! No construir sobre ningún pilar. Que la casa se sostenga por sí sola, sin que necesitemos a nadie; que ningún arquitecto incompetente ponga pilares ni muros ni bovedillas ni tonterías. Que nosotros nos mantengamos por nosotros mismos. Pero, ¡qué fácil suena la teoría! Porque, inconscientemente, esos pilares se cuelan pérfidamente, se escurren y escapan a todo control racional. Los malditos pilares pueden estar ahí sin que los veamos. Los muy hijos de puta. Y, ¿qué hacer? Demoler, y reparar. Construir sobre roca, y no sobre el polvo, que se desvanece y el viento lo arrastra, y luego viaja a otros lugares y es muy malo de ver. Pero tú, ¡la más puta entre todas las putas! ¿Acaso tienes tú malicia? ¿Acaso tú me amas, o siquiera finges hacerlo? Ni hablar del peluquín. Tu eres sincera, y en tu corrupción, eres la más pura; que ellos se revisten de inocencia pero luego tienen el alma podrida. ¿Acaso tú me sonríes, o finges que te interesa lo que te digo? No lo haces. Lo siento si te aburro, pero para eso te pago. ¿Porqué me atraes tanto? Si eres vieja y estás arrugada. Debería añorar cuerpos jóvenes, pero no, tu vejez no es dolorosa, ni tus arrugas me hacen daño. ¿Sabes qué? Creo que te amo. ¡Te amo! Y, ¿sabes otra cosa? Creo que estoy desquiciado. Pero no me importa, porque ellos no me importan y yo no le importo a ellos. Todo el mundo está contento y cada uno se tiene lo que se merece. ¿Seguro? No lo creo. ¡Aparta, maldita puta! Déjame en paz con mi botella. Déjame tranquilo, que me quiero dormir abrazando el frío cristal, porque él si que no me hará daño, él sí que es una compañía segura y fiable. Oh, las baldosas, tan suaves al tacto. ¿Qué le hace pensar que es mejor que vosotras? ¿Resistiríais un cabezazo mío? Oh, cielos, ¿es eso sangre, lo que me resbala por el cuello? Sí, veo el suelo rojo y... hum, sabe a sangre. Benditas baldosas, sois más duras que mi cabeza. (Risas). ¡Nunca había sido tan feliz! Pero, ¿aún sigues ahí, vieja chocha? ¿Qué haces? ¿Porqué lloras? ¿Te apiadas de mí, crees que he perdido la chaveta? ¡Te equivocas, zorra! Soy feliz aquí entre mis nuevos amigos; ellos nunca me defraudarán y nunca me harán daño. Una nube me tapa los ojos, ¡qué contrariedad! Mis sentidos se difuminan, ¿estoy llorando? Pero estoy feliz, porque todo el mundo duele."
Víc.
